jueves, 29 de abril de 2010

Presentación de El Leviatán o la diosa de la lujuria (En Madrid)

Pues el cartel que circulé por ahí era este que se ve a su izquierda. El pasado 24 de Marzo del 2010, por ahí de las 19.30 el italiano Francesco Giaveri, la madrileña Raquel Sánchez-Reizabal (que cumplía años ese mismo día), el defeño Noé Sotelo y yo ya estábamos en la mesa principal, junto a Jaime del Arenal, Consejero Cultural y Director del Instituto de México en España, de la Embajada de México, a quien le doy las gracias, igualmente que a Francisco Robles, Coordinador de Humanidades de la misma embajada, por haberme recibido tan bien y haber hecho posible la presentación de El Leviatán o la diosa de la lujuria. Novela que escribí entre abril y julio del año 2007 en la Ciudad de México y Morelia. No es mi primer intento de novela pero sí el único que he terminado hasta la fecha. Cuando tuve terminado el primer borrador (y que ya contenía la mayor parte del resultado final) pasó por los ojos, las recomendaciones y correcciones del poeta (y mi padrino literario) Gaspar Aguilera Díaz, y de uno de mis mejores amigos y crítico literario, Édgar Antonio Robles Ortiz, quien, además, escribió el prólogo de la obra. Entre unas cosas y otras, la versión final de la novela cayó en manos del Colectivo Artístico Morelia A. C. que la publicó.



Como es una editorial muy pequeña ha sido una distribución menor y complicada, pero, por suerte, ya casi acabo con todo el tiraje y ya estoy pensando en atacar con una segunda edición que, adelanto, llevará ilustraciones de distintos ilustradores, principalmente amigos, porque me gusta trabajar con gente cercana y porque creo que esta novela en particular tiene pasajes muy visuales, que con la incursión de ilustraciones de distintos tipos le añadiría aún más fuerza emotiva al texto. No saldrá pronto la segunda edición, me temo. Primero tengo que encontrar quién se anime a lanzar el proyecto y necesito dinero para pagarle a mis ilustradores. Pero todo llega.


Mientras tanto estoy enfrascado en mi segundo proyecto literario, Las Colonias, trabajo que me llevará algunos años en finalizar. Antes estoy contemplando, porque Las Colonias tardará bastante en ver la luz, la publicación de una pequeña antología con algunos de mis relatos breves. Trataré de ser paciente y de encontrar la mejor opción para lanzar estos proyectos.



Aquel día de la presentación de la novela Francesco y Raquel llevaron textos escritos que le leyeron a los asistentes. Ahí fue donde se me ocurrió hacer una entrada en el blog para que quienes no fueron a la presentación y se quedaron con ganas pudieran empaparse un poco con algo de lo que se dijo aquella tarde. Noé y yo, como buenos mexicanos, improvisamos sobre puntos generales que ya habíamos pensado previamente, así que lo que se dijo de nuestra parte quedará ya para siempre siendo parte del aire...



Repoduzco a continuación los textos tal cual se leyeron, en el orden verdadero, e introduzco de cuando en cuando algunas fotografías, que se tomaron por Estrella Checa y por Radost. Si no han leído la novela pero piensan hacerlo algún día pues será mejor que se brinquen esta parte porque se revelan algunas cosas de la trama o de los recursos utilizados... o hagan lo que quieran, yo sólo les advierto. Yo soy de esos que nunca nunca nunca leen una sipnosis de películas o libros antes verlas/leerlos porque siento que me estropean la experiencia, por eso lo digo.

Francesco Giaveri:

EL LEVIATÁN O LA DIOSA DE LA LUJURÍA

Uno de los problemas de orden teológico que preocupan al protagonista de Molloy de Samuel Beckett es el siguiente:

¿Y si la misa de los muertos se dijera por los vivos?

La primera novela de Francisco Negrete, de alguna manera, propone el mismo interrogante.

Podría ser, en efecto, que los vivos no quieran desprenderse de los difuntos, olvidarlos, ya que ésta sería su muerte definitiva. Otra cosa es creer que los muertos añoren recordarnos…

Francisco quiere narrar la historia de un amor que nunca existió, que hubiera sido posible, pero que nunca tuvo lugar, y existe en una dimensión virtual, onírica. Y lo hace por los vivos.

La novela de Francisco trata de un exilio voluntario, la huída de su ciudad natal, Morelia, para conocerse mejor. Se desplaza al Distrito Federal, mejor dicho el Distrito Freyeral, como lo rebautiza el protagonista. Freyeral de Freya, la diosa de la lujuria, la chica que rechazó a nuestro protagonista y lo hundió en una melancolía sin consuelo. Freya es una presencia fantasmal, quizá algo más: un vacío estorbante y empalagoso. Esta ausencia aplasta, aturde el cuerpo y el espíritu del protagonista, que por nuestra comodidad vamos a llamar Pancho, y cuyo nombre completo, como se revela en un paso de la novela, ustedes podrán hallar en la portada de El Leviatán o la diosa de la lujuria, con prólogo y todo por cierto.

Freya o el vacío que no tiene el buen gusto de quitarse de en medio y dejar que la ironía y la curiosidad del narrador campeen a sus anchas por las páginas de este librito, obra prima de un escritor que no tiene miedo a enfrentarse con un tema tan literario y musical como es la desilusión amorosa.

Puede que Pancho paseara por las calles del D.F. buscando sus futuras calles madrileñas: Melancolía o del desengaño.

Guardando en el bolsillo un pasaje de sólo ida para Madrid, creyó oportuno echar cuentas con su entorno. En la misma novela de Beckett, a la que nos hemos referidos hace poco, Molloy afirma, atinadamente, que detenerse es el único modo de poder avanzar. Además hay que sufrir, y bastante, para darse cuenta que hasta desde el fondo de un pozo es posible levantar, poco a poco, la cabeza y quedarse asombrado por la hermosura del cielo, o de la luna, por si esto pasara durante la noche.

Volviendo un momento a la necesidad de detenerse y mirar alrededor antes de avanzar, cabe decir que esta necesidad invade la novela. Frente a una sustancial inmadurez emotiva (¿pero quién puede decir qué es sabio en lo que al amor atañe?), sorprende la capacidad de instrospección y descripción de las cosas que son humanas, inclusive demasiado humanas, que el protagonista encuentra en un amigo, en la familia de éste y en sus compañeros de piso.

Justamente para esto sirve el detenimiento, a mirar alrededor, muy conscientes que lo que vemos no es realmente lo que nos rodea, sino una proyección de nuestro estado anímico que dirige la mirada.

Sombras, reflejos y espectros bailan, se agitan y los confundimos por lo que no pueden ser.

Y observamos una y otra vez, porque es bien sabido, como diría Antonioni, que hoy en día los ojos están muy de moda.

Despertarse del sueño y agudizar los sentidos antes que nada, y luego enterarse del velo que se interpone entre nosotros y la realidad. A este velo tranquilamente le podemos llamar nuestra visión.

El humor de Pancho hundido en el spleen resulta propicio para deambulaciones callejeras. Un flaneur que pasea por las calles del Distrito Freyeral sin rumbo, guiado sólo por la curiosidad de los ojos.

El deseo enciende la visión. Piensa constantemente en ELLA, este vacío omnipresente llega a concretarse, pero es sólo otra ilusión, otra virtualidad.

En un período en que los ojos están muy de moda, nos encontramos en este texto con palabras que saben narrar y describir. No sólo imágenes, sino también olores y sobre todo sonidos. Un concierto constante nos lleva de la mano en este relato. Nunca hay silencio, porque es demasiado cercano al vacío del que el protagonista quiere desprenderse, aunque no sabe cómo.

Las palabras no nos abandonan nunca. En principio fue el verbo, un sonido rompió el silencio y las palabras empezaron a fluir y entre sus dedos, la vida. Mientras haya palabras habrá una salida, nos quedará una esperanza.

Y de esto parece estar convencido el protagonista, que en un tejado oscuro no renuncia a su existencia, y decide que, por el momento, no saldrá de escena con un disparo, porque hay que seguir narrando, hay que seguir contando historias.

Creo que la necesidad de escribir define al escritor. Uno es escritor porque no puede hacer otra cosa que meter una palabra atrás de otra y seguir relatando. El pintor pinta una y otra vez un sólo cuadro, con diferencias y repeticiones, como Frenhofer, anhelando a realizar LA obra, un obra definitiva.

El arte se nutre de las manías y de las obsesiones de los artistas. Hacer y volver a hacer. Acabar sólo para volver a empezar de nuevo. Plasmando una pequeña parte del mundo fenoménico, con mucho esfuerzo, en un lienzo o en una página.

Cézanne se identificaba con Frenhofer, el protagonista de la novela de Balzac, en innumerables lienzos trató de plasmar la silueta de la montaña de Saint Victoire, consciente de la imposibilidad de lograr la perfección. Alberto Giacometti en sus escritos habla de su obsesión, votada al fracaso, de lograr esculpir una cabeza que representara todas las cabezas. De la eterna pugna entre los detalles y la totalidad del conjunto. Una poesía de Richard Wilbur bien describe la aspiración del escultor suizo y de la que quiero compartir unos versos con ustedes:

El rostro este rostro

Está todos los rostros olvidados de la calle,

Reunidos en uno solo, anónimo y solitario

Ni príncipe ni Leviatán, está hecho

De infinitos adioses…

Lo que deja el adiós es un silencio, un vacío que el artista trata de llenar de obras que no son otras cosas que la materialización de una manía, la obsesión de querer alcanzar su propia visión, desprenderse del velo y poder comprender las cosas como realmente son.

¿Por qué el verdadero artista sigue ejerciendo su obsesión incluso cuando es consciente de que le espera un rotundo fracaso?

En la obra de Beckett, Fin de Partida, Clov se pregunta “¿por qué sigo aquí?” A lo que Ham contesta: “Por el diálogo”

Por el diálogo o por la experiencia del diálogo, porque podemos medir las cosas, pero la percepción de las mismas, sólo podemos experimentarla. La visión implica una interacción entre yo y el mundo, o si prefieren, entre un yo y un mundo

Así pues, el protagonista de la novela de Francisco, también hace frente a la desesperación, encontrando su salida en la literatura, en escribir. En el escenario vacío de nuestras existencias, hay que descubrir que la verdad está tras un muro que lleva encima vidrios rotos. Sin embargo, hay que seguir subiendo la pared para poder mirar lo que está más allá de las apariencias rancias y sosas.

“Qué bueno que sueño con cosas que no quiero olvidar” escribe Francisco. Hacer de los hechos sueños, captar la experiencia fugaz de la visión, de una historia de amor que no ha sido, pero que hubiera podido ser y de la que, se cuentan aquí las ruinas, las cenizas. Las ruinas de una relación que nunca empezó como en Deseando Amar de Wong –Kar Wai. El antropólogo francés, Marc Augé escribió sobre esta película:

“La virtualidad del amor se contempla de lejos, en el momento en que, convertida en ruina, deja de ser una virtualidad.”

Pero ya estamos a la espera de otra novela, Las Colonias, porque su autor cruzó el charco, vive en Madrid y después de este pasaje repleto de escaparates un poco chillones que es su primera obra, está escribiendo la siguiente, ejerciendo su obsesión, quizá su oficio. Después de haberse detenido un momento y antes de avanzar, debe haber pensado algo parecido a lo que escribe Samuel Beckett en Textos para nada:

“Allí es donde iré, si puedo ir, ése es quien seré, si puedo serlo.”

Y para terminar, permitidme compartir otro fragmento de diálogo de Fin de Partida, aquel en el que Hamm pregunta qué está haciendo su padre, el cual se encuentra encerrado en un cubo de basura, Clov le contesta: “está gritando”, y Hamm replica

“entonces está vivo…”





Raquel Sánchez-Reizabal:

Una explicación titular de la obra:

Desde el título de la obra: El Leviatán o la diosa de la lujuria, ya podemos observar los dos ejes sobre los que va a girar la novela. Leviatán hace referencia a un monstruo marino en forma de serpiente, dragón o cocodrilo que vive en el mar. En palabras de Jung este tipo de monstruos son una “masa de libido incestuosa”. Es un monstruo acuático del Antiguo Testamento feminizado (El dragón, en el Apocalipsis está vinculado a la Gran Pecadora) que representa el monstruo de las aguas mortuorias. El Dragón es el arquetipo de la bestia, de la noche y del agua combinadas. Y como tal, el agua y la noche están relacionadas con la muerte. En la novela la muerte es protagonista junto con el narrador de la obra. Leviatán, es igual a destrucción y muerte.

Combinado con el Leviatán por una disyunción que aparentemente podría indicar una diferencia, nos confirma una vez más la temática de la obra. La diosa de la lujuria, es la diosa del amor, la belleza y la fertilidad por excelencia prácticamente en cualquier mitología; pero también está asociada a la muerte, la guerra y la magia. La diosa de la lujuria: es amor y deseo.

El título se podría sintetizar en otro: La Destrucción o el amor. Y desde ahí plantear la reflexión de la novela. Son dos caminos diferentes o bien ¿son dos caras de la misma moneda y la existencia de uno alimenta la existencia del otro?

Ambos personajes mitológicos son resaltados por su exuberancia y exceso; rasgo por el que también fueron “condenados”. La lujuria es el exceso de deseo sexual y Leviatán posee un poder descomunal. En este último aspecto se enlaza la nota previa de Thomas Hobbes al comienzo de la novela: “Mediante el Arte se crea ese gran Leviatán que se llama república o Estado, y que no es sino un hombre artificial, aunque de estatura y fuerza superiores a las del natural, para cuya protección y defensa fue pensado”. Aquí Hobbes está hablando de la creación de un hombre “artificial”: una organización político-social y territorial para la protección y defensa de un conjunto de hombres, por parte de un hombre “natural”. Es interesante resaltar que la creación se lleva a cabo mediante el Arte; por lo tanto es una proyección, una invención que a veces es tan poderosa que acaba engullendo al hombre que la creó. Y aunque su objetivo inicial es el de proteger al hombre, en muchos casos acaba consiguiendo todo lo contrario, destruyéndolos. Sería una metáfora de la Ciudad en la que se desarrolla la obra: El Distrito Federal, México (gran protagonista): que aparece en las primeras líneas de la novela con la siguiente descripción: “Algunos lloraban porque fue un acto lo suficientemente conmovedor como para cristalizar los corazones de los insensibles y poco expresivos defeños: condicionados a ir en automático. Este monstruo, este Leviatán llamado Distrito Federal subleva a los capitalinos. Ni si quiera piden piedad, al contrario, se unen a la causa”. (p. 13)

Primera identificación de Leviatán con el Distrito Federal. El acto que se menciona es la muerte de un chico. Primera asociación del Leviatán-Defeño con la destrucción y la muerte.

El narrador se encuentra en el D.F. por voluntad propia. Es un viaje. Todo viaje es sinónimo de iniciación y de aprendizaje. El protagonista lo define como un auto-exilio para olvidar un rechazo amoroso: “Habría miles de razones para estar aquí y la más grande y dolorosa es ELLA”. (p. 16) Podemos desprender de esta frase que el amor-desamor es el motor de la historia. Sin embargo, más allá de la cuestión amorosa, el viaje es un acto desesperado de enfrentar la soledad que azota al personaje y que dicho rechazo no hace sino evidenciar aún más. Es decir, el amor sería un remedio para combatir la soledad. La soledad entendida como incomprensión. Comprender el mundo y ser comprendido, es a lo que aspira el ser humano desde el momento en que es consciente de su mortalidad y por lo tanto del devenir del tiempo, hechos que le provocan temor. Una lectura posible del amor es la de compartir la soledad, para intentar comprenderla. Y esto se entronca con la idea de sentido. La existencia, gracias al amor, adquiere un sentido y proporciona valentía para superar el miedo a la muerte: “ (...) ELLA, con sólo verla puedo estar seguro, no es un enamoramiento común, se ha metido en mi consciencia e inconsciencia, se ha convertido en mi motivo favorito para escribir, despertar, soñar dormido y despierto, caminar, respirar y muchas otras cosas más, pero sobre todo para soportar el coraje de seguir vivo en un mundo totalmente horrendo e injusto y que no lo puede remediar, porque cambiar el mundo es imposible y morir no es tan sencillo, se ocupan tamaños y a mí me hace falta valor, soy un cobarde. Pero con ELLA a un lado, ni la vida ni la muerte realmente importarían, se lo dejaría al mal albedrío de dios”. (pp. 18 y 19)

Y el protagonista elige una ciudad muy especial a la que dota de significado desde el principio con el caos y la destrucción por su inmenso poder que escapa a cualquier control : “El D.F. siempre me ha servido como catarsis”. (p. 17) Sin embargo, no es únicamente por su efecto purificador por el que el protagonista elige el D.F.; ELLA, como buena representante de la diosa de la lujuria, es hija del Leviatán-Defeño: “Resulta paradójico que escapé de donde yo soy oriundo al lugar de donde ELLA lo es.” (p. 17)

Primera relación entre Leviatán y la diosa de la lujuria. No es la única que se da en la novela y de hecho hay otra que es mucho más reveladora: “Todo lo relacionaba con ELLA, incluso el nombre de la capital, que rebauticé como Distrito Freyeral”. (p. 78) Freya, en la mitología nórdica y germana es la diosa de la lujuria. Es muy interesante que el final de la novela se cierre con ELLA, como el principio de la obra abría con el Leviatán-Defeño.

La novela da cuenta de este viaje. Comenzar a leer es seguir el viaje del protagonista desde el principio hasta el final que es también el límite temporal de la novela. Es un viaje físico (hay un cambio de espacio y movimiento), pero también es un viaje interior. El protagonista escapa de Morelia, ciudad donde vive ELLA: este sería el viaje físico y viaja al D.F. para purgar la soledad (viaje interior). Aquí es donde cobra sentido la relación entre la ciudad y ELLA. El protagonista de alguna manera busca refugio a esta angustia que siente en una ciudad catártica, en palabras del propio personaje, que libere su pasión. Sin embargo, la ciudad escapa a su propio control y peca de exceso y más allá de aliviarlo, lo engulle en su caótico orden. A lo largo de la novela la muerte es un personaje silencioso que arrasa la ciudad sin motivo. Paralelamente el amor-desamor va destruyendo al personaje que busca distracción en la música, las drogas o el sexo para: “no pensar en esa única mujer en la que sólo podía pensar”. (p. 21)

¿Destrucción o amor? ¿Acaso no nos plantea esta novela que son la misma cosa? El exceso de deseo destruye y un poder descomunal también destruye. La exuberancia no tiene control.

Pero el protagonista como Hobbes, proyecta desde el Arte su protección y defensa ante las pasiones que lo devoran intentando darles un orden, un sentido. La literatura como catarsis, como liberación. La novela se convierte en el último viaje de esta historia: “No... no puedo, no puedo...” pensé, “todavía tengo que acabar con la novela. Después de eso soy hombre libre”. (p. 67)




Luego nos tomamos una chelita ahí mismo para inmediatamente después trasladarnos a La Violeta, bar único en Madrid. Allí estuvimos de cañas, intercambiamos impresiones de la tarde, festejamos el cumple de Raquel, sacaron la tarta, el tequila, las quesadillas...
Y nos emborrachamos y que el ji ji ji y que el ja ja ja.

De nuevo, muchas gracias a la Embajada de México, a los participantes, a los asistentes, a las fotógrafas del día, a Pablo Araoz por siempre recibirnos tan bien en el bar, a todos los que desde lejos me mandaron buenas vibraciones, y a quienes han tenido fe en mí.
Las fotografías finales, en La Violeta:





¡Octagón!





























































































































viernes, 29 de mayo de 2009

viernes, 16 de enero de 2009

Portada

domingo, 11 de enero de 2009

Artículo en diario "Provincia" Lunes 5 de Noviembre 2007

Artículo en diario "Provincia" Lunes 5 de Noviembre 2007
Categoría: Literatura y poesía

Se busca editor Por Francisco Valenzuela | Lunes 5 de Noviembre, 2007
Lejos de los círculos editoriales establecidos, ajenos a las instituciones oficiales, por la ciudad y el estado varios escritores nóveles hacen hasta el último esfuerzo por publicar su primer libro, para lo cual, reconocen algunos, invertirán recursos propios y se las ingeniarán para lograr una circulación efectiva. Y es que los programas de gobierno nunca serán suficientes. Este año, el departamento de Literatura de la Secretaría de Cultura de Michoacán (Secum) se fijó como meta la edición de 50 títulos, aunque a la fecha los números no dan y según declaraciones de su titular, Jorge Herrera, el plazo para lograrlo es el 15 de diciembre. Para publicar en la Secum hay que ganar concursos, someterse a un consejo editorial o presentar propuestas propias; aun así, pasando estos filtros, no se garantiza una circulación integral, pues cuestiones fiscales y legales impiden que estas publicaciones entren a las librerías comerciales, quedando disponibles sólo en la ubicada en la Casa de la Cultura. Otras opciones son la editorial de la Universidad Michoacana y algunas particulares como Jitanjáfora, Morevallado y Fimax Publicistas. Pero no es suficiente. Por ello, y para no perder la esperanza, los jóvenes escritores acuden a otras opciones que van de la maquila artesanal hasta las versiones on line. Francisco Negrete viajó a la Ciudad de México en abril pasado; ahí encontró a la soledad y el rechazo como lugar común y decidió, sin más, escribir una novela breve que lleva por título El leviatán o la diosa de la lujuria. El texto, autobiográfico, recrea una especie de asilo desesperado para olvidar a un amor ahora imposible. En menos de cuatro meses, Negrete ya había terminado una historia de 45 páginas, por lo que buscó los apoyos para su publicación. Pero como todo joven, la prisa lo absorbe y no quiere enredarse en trámites burocráticos o miradas especializadas. Calcula que necesita 6 mil pesos para la impresión de 200 ejemplares, además de otros 2 mil para los derechos de autor. "De cómo lo voy a distribuir no tengo ni idea", reconoce, aunque, por lo pronto el primer paso parece cercano y hasta la mamá pondrá de su quincena para el financiamiento. Por su parte, Adrián Orozco y Erika Torreblanca, pertenecientes al colectivo multidisciplinario Saudade, también recurrirán a formas alternativas de publicación literaria. "Desde luego que nueve de cada 10 personas que conozcas en este medio tienen material listo o casi listo para publicar. Yo tengo un poemario (Igneo) que estoy trabajando para autopublicarme. Mi rango es entre 90 y 120 cuartillas y mi idea es pagar mi propio tiraje, tengo unos 10 mil pesos destinados para eso y planeo ejecutarlo entre enero y febrero del próximo año", afirma Orozco, quien agrega una segunda posibilidad: "En un momento dado, otra de las opciones que estamos analizando con el colectivo es la autopublicación en formato PDF: elaboramos un riguroso libro en formato electrónico con todo el profesionalismo, asesoría, edición y cuidado posible, lo grabamos en CD, imprimimos portadas, etcétera, y tenemos un producto final que nos cuesta menos de cinco pesos por ejemplar, pedimos patrocinios con publicidad en contraportada y con sólo dos mil pesos, digamos, podemos editar 400 ejemplares. Al lector le llegaría gratis. Digamos, te abordo y te pregunto: ¿lees?, ¿tienes una PC en casa o en tu trabajo?, y si la respuesta es positiva, el disco es tuyo. Lo revisas cuando quieras e imprimes lo que te guste. Reservamos derechos con Common Creative bajo la figura de 'algunos derechos reservados', por lo que puedes reproducir, duplicar y usar el material, siempre y cuando cites la fuente". El mismo método usaría Torreblanca con el propósito de compilar sus textos publicados en un diario local durante los últimos cinco años. La que no presenta prisa ni se obsesiona con editar es Alejandra Quintero. Pero ya tiene algo listo, se trata de un libro de prosa poética que, por el momento, no lleva título; pasajes que exploran el interior individual visto como una ciudad personal. "Yo creo que el escritor no tiene por fuerza que publicar, sino comprometerse con el oficio", afirma. Empezó a elaborar esta obra desde hace tres años, como un proyecto para obtener la beca del Foescam, y en el camino ha reforzado y delineado un estilo propio gracias a talleres impartidos por personajes como Guillermo Samperio, Juan Bañuelos, Gaspar Aguilera y Marco Antonio Regalado. "No veo el caso de publicar si las condiciones institucionales siguen igual, esto es, con casi nula distribución… dejar los libros en una bodega no tiene sentido". Pese a ello, su primera obra terminada tiene la promesa de editarse por el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación (Imced) para finales de este año o inicios del siguiente. En tanto continuará escribiendo, por oficio y convicción, pues no se imagina haciendo otra cosa, "la creación literaria para mí es, como dice Sabina, mi tercera pierna, esa que nadie ve, pero que está ahí". Otro libro en proceso es el de Oscar Quevedo; se llama El mar boca arriba, 19 cuentos con tintes urbanos que van de lo cotidiano a lo poético. Lleva dos años puliéndose y sobre todo gritando por una editorial; la primera intención la tuvo el Imced, que después acordó coeditarlo con la Universidad Michoacana, pero ni lo uno ni lo otro. De no llegar a un buen cauce, Óscar intentará medios alternativos como un blog en Internet además de insistir en certámenes literarios.
¡Éntrele a la tanda!
Y a pesar de todo, sí hay opciones. Una de ellas la ofrece el Colectivo Artístico Morelia, encabezado por José Luis Rodríguez Ávalos. El método para editar bajo el cobijo de esta organización es, al puro estilo de las amas de casa, con una tanda. El monto es de 4 mil 800 pesos, cubiertos en cuotas semanales de 100 o como al participante más le acomode. La convocatoria fue lanzada en junio de este año y a la fecha se han editado cuatro libros, más otros dos que están por salir antes de que perezca 2007. Según explicó Rodríguez Ávalos, la garantía de La Tanda y Morevallado, la editorial con la que trabajan, no sólo es el tiraje de 300 ejemplares (de los cuales 100 son para el autor), sino que además el libro acude a ferias como la de Guadalajara, Monterrey y la de Minería en el DF. "El problema no sólo es imprimir, sino que la obra circule, por lo que estamos haciendo el esfuerzo para que cada publicación acuda a lugares estratégicos, que la gente la conozca y pague por ella". Los cuatro libros que hasta hoy se han editado son Suspiro Azul, de Sandra Becerril; Tres Narradoras, de María Fernanda García, Nallely Segura y Diana Ferreyra; Te amé, de Charlotte Carranza, y Arena Luminosa, de María Elena Solórzano. Protón, autoría de Manuel Moirón, saldrá antes del 20 de noviembre. Cabe aclarar que ninguno de los escritores referidos es michoacano, "tenemos dos escritores locales en talleres que les estamos impartiendo, con la esperanza de que ya pronto se publiquen sus textos", confiesa Rodríguez, quien además aclara que en La Tanda no hay un consejo editorial que califique la calidad de la obra, con el objetivo de evitar especulaciones o discriminación. Los géneros a publicar son todos, desde la poesía hasta la narrativa, pasando por el ensayo; por cierto, cada uno de estos ejemplares tiene un precio de 50 pesos. Ahí las opciones; si usted tiene un libro listo ya sabe qué hacer: subirlo a la red, meterlo a un CD, publicarlo por su cuenta, entrarle a la tanda… ¿alguien tiene más ideas?

Artículo publicado el Lunes 31 de Marzo del 2008 en el periódico "Provincia".

Artículo publicado el Lunes 31 de Marzo del 2008 en el periódico "Provincia".

El otro lado del fracaso ....

Por Francisco Valenzuela | Lunes 31 de Marzo, 2008....

"Esta no es una historia optimista ni pesimista, es, sencillamente, real", asegura Francisco Negrete Mendoza en referencia a El Leviatán o la diosa de la lujuria, su primera novela corta que está a punto de editarse por el Colectivo Artístico Morelia dentro de su colección La Tanda. ....

En efecto, la obra es nada menos que una especie de diario que va narrando la huida del protagonista hacia tierras que lo hagan superar su primer fracaso amoroso, un moreliano que se refugió en el DF para borrar a ELLA, la imagen viva de su derrota. ....

PROVINCIA charló con Negrete, un veinteañero que está a punto de emigrar a Madrid y mientras tanto acude a cuantas fiestas le es posible. El inicio de la historia escupe a un DF violento, con un suicidio que provoca el morbo y la especulación más allá del sentimiento conmovedor. ¿La gran capital como un monstruo insensible?: "Siempre he visto a la ciudad de México como un lugar muy interesante, al que le puedes sacar jugo, a diferencia de Morelia, donde siempre he vivido y que, sin embargo, no me ofrece tantas cosas como las que encuentro allá. Por eso hice la analogía de esta gran urbe con El Leviatán, de Thomas Hobbes, porque creo que entre las cinco ciudades más monstruosas del mundo se encuentra el DF, por ello me cautiva". ....

Negrete asegura que no hay prácticamente nada de ficción en este libro y es que llegar de refugiado a la capital del país por unos meses le dio los elementos necesario para escribir un relato que no necesitó de ningún elemento adicional, pues la misma vida cotidiana de los defeños está insertada en un mundo más cercano a la imaginación que a la realidad, "si aquí (en Morelia) ocurriera un suicidio sería el tema de toda la semana, pero allá (DF) sólo fue un momento, un tipo más que dejó de existir entre los millones que conviven. Y bueno, no celebro esta indiferencia, pero son reacciones que me encantan, una vez fui de niño al DF y me tocó ver que el metro estaba detenido por otro suicidio, causando el enfado entre los usuarios porque llegarían tarde a sus trabajos". ....

El motivo principal para que Francisco huyera al DF, reconoce, era dejar atrás la historia de un amor frustrado, una mujer que nada más no cedió ante nada. Y aprovechando el viaje, se fijó la meta de escribir algo en forma, sabiendo de antemano cuál sería el eje de todo: ELLA. ....

"Desde que llegué me atraparon ciertas imágenes de la ciudad y desde mis primeros días de estancia sucedieron cosas dignas de ser convertidas a literatura y así me decidí por empezar, porque además eran días trascendentales en mi vida". ....

De esta forma, Negrete va hilando una historia donde el rechazo y la soledad son los ingredientes preponderantes, "El DF es un lugar atiborrado de gente, pero con una mayoría que se siente sola, ¿por qué?, no lo sé, es lo que yo, como visitante, percibí en esos días, sujetos cabizbajos que literalmente están solos, sin amigos, sin familia, sin conocidos, a pesar de que caminan al lado de miles de personas todos los días". ....

Y fue precisamente ese lugar de solitarios lo que le permitió a Negrete convivir con su propia tormenta, "podía caminar solo y triste por mucho tiempo sin que nadie se acercara a consolarme, cosa que aquí (Morelia) no ocurre, porque hasta las señoras que no te conocen te preguntan qué ocurre, o tus mismos cuates están siempre al pendiente y no te dejan solo nunca". ....

Desde las primeras páginas del libro hay un dejo de extranjerismo, un tipo que encuentra ventajas cuando adapta el traje de invisibilidad: "Comparado con los capitalinos me veo hermoso. Mi cara de moreliano no acostumbrada a la mala vida apresurada y estresada deslumbra en el metro donde los rostros son grises, ojerosos, impávidos e indiferentes, como si sus vidas carecieran de sorpresas". ....

Inicia así un juego perverso, una paradoja que, a su pesar, siempre va en contra del protagonista, ignorado por una mujer en Morelia, ignorado por las masas del DF. ....

Cuestión de estilo ....

En cuanto al estilo literario, hay desde luego influencias notables de autores claves en las lecturas de Negrete, como José Agustín, pero sin caer en calcas ni vueltas pretenciosas. También aparecen los clásicos jóvenes desmadrosos, a quienes la vida les es de lo más liviana. "Es que los cuates con los que estuve viviendo son así, el clásico guëy mantenido, el defeño que sabe cómo y dónde conseguir todo para pasarla bien: fiestas, drogas, alcohol; jóvenes que se divierten un chingo, que saben hacerlo sin ser gandallas". ....

Si hay algo que se pueda concluir con esta novela, es que "las distancias valen madres para olvidarte de quien te has enamorado… creo que sólo el tiempo puede hacerlo", reconoce su autor. ....

Una vez que este viaje por tierras capitalinas concluyó, Negrete regresó a Morelia con un borrador que fue revisado, entre otros, por el poeta Gaspar Aguilera, para luego buscar las opciones editoriales que le facilitaran una pronta y no tan onerosa publicación. Fue así que dio con el Colectivo Artístico Morelia, encabezado por José Luis Rodríguez, mismo que lo invitó a La Tanda, la colección de títulos cuyo sistema es financiado en parte por el mismo autor en pagos mensuales. ....

La noticia es que el libro está por entrar a imprenta y se espera que en cuestión de semanas empiece a circular en diferentes puntos de distribución. Hasta este momento el trabajo entre editores y autor va por buen camino, excepto por una portada tentativa que en nada le hace el favor para su compra, un dinosaurio monstruoso, sí, pero nada qué ver con el leviatán da sentido a la trama. Lo bueno es que Negrete puso un grito tan ensordecedor que ha logrado la marcha atrás y ahora piensan ya en otro tipo de gráfica para la pasta. ....

Después de la conversación y un par de cervezas consumidas en menos de media hora, se le pide a Francisco Negrete que describa en pocas palabras su primera novela. Da un largo trago, suspira y concluye: "El fracaso siempre te motiva… esta obra sólo tiene un final esperanzador para su protagonista, un ingenuo que no pierde la fe, pero en los hechos es una derrota y es real, porque a veces te la pelas porque te la pelas". ....

domingo, 14 de diciembre de 2008

Prólogo. Por Édgar Antonio Robles Ortiz

PRÓLOGO

El Leviatán ha nacido y la diosa de la lujuria, progenitora irremediable, no se percata de las escamadas extremidades que están por alcanzarla. “El Leviatán o la diosa de la lujuria” es la novela corta que señala el inicio formal como escritor de Francisco Negrete Mendoza, amigo inestimable y cómplice existencial.

Esta es una historia creada y vivida o vivida y recreada, condición ficcional-real poca importancia puede tener pues su naturaleza inspiradora es la de dos estados de ánimo por demás inherentes y naturales a todo ser humano; el rechazo y la soledad, palabras con las que el propio Francisco me definió, desde su gestación, la novela, y siendo tan precisas prefiero no sustituirlas sino retomarlas.

Una desilusión amorosa, un sucesivo auto exilio (del amor, de una ciudad, de los lugares comunes…) con destino a la ciudad más grande del mundo, la bastedad que proporciona la metrópoli tratando de suplir un vacío irremediable y natural; el rechazo es tan sólo un detonante. ¿Por qué la soledad es en el Leviatán un tema medular? Todas las acciones, observaciones y descripciones, en la novela, están orientadas a mostrar ya sea directa o indirectamente la soledad del individuo; las distintas formas de sobrellevar “su” soledad, de entender la soledad de los demás y enfrentarse con la irremediable incompatibilidad de soledades. Nos sentimos tan solos en una muchedumbre de solitarios, que no comprenden su soledad, y peor aún, no están dispuestos a comprender la de alguien más.

A la ciudad se le concede un personaje propio y animado que actúa e influye en cada rasgo de la vida de quienes la habitan, invitándolos a un laberinto del que ellos mismos forman parte y son víctimas voluntarias. La ciudad es fundamental en el desarrollo de la novela y el narrador es un observador furtivo que sigilosamente es cazado y absorbido hasta las entrañas del Leviatán.

En distintos sentidos, el cambio radical de contexto de una ciudad provinciana al monstruoso Distrito Federal favorece la observación sensible y precisa; así es como una gran aglomeración de gente, edificios, tráfico, formas de transporte y caos amontonado en cada esquina, son elementos tan sorprendentes y bizarros que no pueden ser asimilados inmediatamente, el inquilino tiene que pasar por un proceso de interpretación, en el que parte de la esencia verdadera de esa imagen es develada y en ocasiones puede resultar asombrosa e inesperadamente hermosa o terrible. Sobre esta ventaja de observador limpio, el narrador revela una ciudad distinta a la encontrada en un principio, así en la descripción de ésta, progresivamente vuelca su ser; es ahora la ciudad la que adopta las formas de su espíritu y en cada resquicio encuentra reproducciones de lo que él es; una maquina gigante y caótica que funciona.

Los días que componen este autoexilio tienen, cada uno, su propia personalidad y temática. Pudiendo ser días que se ocupan con cuanta actividad lúdica-ociosa-hedonista y no tienen otra función sino ser superfluos placebos que alivian momentáneamente; ya siendo días de inusitadas actividades tanto como sorpresivos desenlaces o bifurcaciones que toma la rutina planeada con eventos totalmente inesperados.

El lenguaje con el que se narra y se desenvuelven los personajes constituye un elemento que reviste de originalidad y personalidad cada diálogo y descripción; es una voz que habla desde dentro de la historia utilizando palabras que identifican y llenan con una carga significativa cada oración que se expresa. Se agradece esa honestidad en la lengua y el respeto a sus expresiones, sin temor, así en ocasiones esa desfachatez elocuente está más emparentado con una visión general de la vida que con la emoción del momento, es por eso que en todo párrafo el sabor de la narración dice más de lo que está escrito, un dolor, un sentimiento incisivo clavado o asimilado de manera perpetúa en toda la idea de la novela.

El motivo de exilio jamás desaparece, ELLA es un personaje omnipresente que da la sensación de estar siempre a punto de aparecer disgresivamente de forma obsesiva y espontánea en toda la historia, sin respetar siquiera los espacios morfeónicos del narrador -otro de los grandes aspectos literarios del “Leviatán”-. Piezas de pensamiento surrealistas plasmadas con fines metafóricos por el narrador que dará a conocer con reserva, poco a poco, la historia y el papel que encierra ELLA. No sólo ELLA es el tema amoroso, el amor se vierte desde distintas perspectivas y con distintos tamices, ya sea el amor perdurable de pareja, el de un encuentro sexual esporádico, el desesperado e impulsivo o el tierno y desinteresado que no busca perpetuidad. La esencia y dificultades de cada amor son experimentadas pero al final siempre contrastadas con lo que realmente se anhelaba.

La música dentro del “Leviatán” recurre a la fuerza expresiva de algunas canciones, ya sea con el fin de reforzar un sentimiento, de evocar la atmósfera que crea determinada canción o valerse de la estructura interna gramatical-semántica para intercalar referencias personales determinadas; sin contar que el autor de la novela es un melómano confeso, circunstancia que potencializa aún más la inclusión de este tipo de recursos.

¿A dónde se dirigen las intenciones de “El Leviatán o la diosa de la lujuria”? y de lo que realmente habla, son dos realidades totalmente distintas y esto es bueno en sí. El discurso de la obra siempre supera los objetivos del autor y nunca se expresa fiel y puramente lo que se busca decir, sino más.

Testimonio de una nueva generación, “el Leviatán” susurra y brama los sentimientos de un hombre que lleva sobre su sombra los colores que aguardan que alguien derrame con violencia en el lienzo blanco que espera suspendido.